
🦸 El desempeño del superhéroe como única trama
🦸 El desempeño del superhéroe como única trama Los puntos de quiebre estilo “fuegos artificiales”. Los puntos de quiebre. Comencemos por abordar una conceptualización de esta sal y pimienta propia de una trama que, por suerte, existe para mantener la tensión en niveles altos, al menos, durante la mayor parte del arco argumental. Imaginemos que comenzamos a leer una novela en la que desde la primera página no sólo podemos predecir el final, sino que, a medida que avanzamos, comprobamos que no existe ningún evento que nos sacuda de la silla y nos renueve otra vez la dosis de apego con el relato. Como un temblor que nos conmueve, los puntos de quiebre constituyen giros en la historia que no los veíamos venir, o bien, si pudimos tener la sospecha de que algún acontecimiento brusco sucedería, no podríamos haberlo delineado tal cuál sucedió, dejándonos tensos y con la necesidad de continuar avanzando para aplacar la curiosidad. Es esa ráfaga de sufrimiento mezclado y batido con excitación que nos atrapa entre las líneas repletas de letras de las páginas de un libro, y nos empujan a persistir en la lectura para descubrir de qué va lo que acaba de suceder. Claro que sin esta sal y pimienta la historia sería sosa, insípida, predecible, monótona, y así podríamos seguir buscando calificativos que sólo sigan marcando el sinsabor. Imaginemos entonces que los puntos de quiebre son como una serie de pequeños tornados que se levantan en una ruta, en un camino que nos lleva desde el lugar de origen hasta el lugar de destino. Imaginemos, además, que esa ruta no es recta ni plana, sino que está construida sobre un monte, de modo tal que recorrerla con nuestro vehículo lector nos hace subir, llegar hasta la cresta, para luego bajar. Por ende, no sólo los puntos de quiebre hacen que el viaje sea interesante, envolviéndonos en esa fuerza centrífuga del torbellino de turno que nos absorbe y nos lanza hacia cualquier lado, quedando desorientados. Sino que, el hecho de subir, de trepar con la tracción de nuestro automóvil la pista empinada, de por sí implica que la tensión, la adrenalina y la expectativa también vayan trepando hasta llegar a su clímax, a su punto más álgido, para luego permitirle al vehículo que comience a descender con la relajación que la bajada vaya permitiendo, con cierto grado de alivio, claro. Algo así sería, entonces, la conjugación del arco de la trama que tensa la resistencia del lector y la convierte en ese monte de formato redondeado con los pequeños tornados puestos uno delante del otro con espacios relativamente considerables de separación. Ambos elementos zamarrean y no dejan que nuestro vehículo lector permanezca quieto por demasiado tiempo. Hasta ahora, la evidencia de la necesidad de puntos de quiebre descolocantes e inesperados, eventos y situaciones que les acontecen a nuestros personajes que suenan como una cachetada, son un infaltable que está fuera de discusión, están más allá del bien y del mal. Pero en cuanto a la intensidad del volumen, ¿siempre el máximo es el correcto? En este momento no puedo dejar de pensar en una de mis películas favoritas, y en una de mis personajes favoritas que, de vez en cuando, necesito volver a ver, volver a experimentar su despliegue, su camino, su sufrimiento, sus hazañas y su increíble e incomparable fuerza y poder. La Mujer Maravilla. ¿Cuál otra sino? Personaje emblemático y fascinante si lo hay. Simplemente es perfecta, luchadora, valiente, correcta, repleta de potencia y convicción. La belleza no le fue en lo absoluto esquiva y su sobriedad la recubre de gracia, de virtud, de brillo. Es, sencillamente, Maravillosa. Sin embargo, también me resulta inevitable dejar de pensar en un grupo innumerable de superhéroes que quizás no los asociamos tan rápidamente a la fuerza y a la resistencia inquebrantable pero que cruzaron con tesón, a pesar de temblar del miedo y de la incertidumbre, las eternas aguas del océano en barcos helados, soportando trayectos que duraban tres meses o más. Sí, estos superhéroes son un poco menos inmortales y más terrenales que Diana, la Mujer Maravilla, y entre ellos estuvieron gran parte de los abuelos y bisabuelos de todos los que hemos nacido en Argentina. Me refiero a los inmigrantes. Como también me refiero a que no se puede negar el potencial inmenso que tienen estas historias para conmover hasta al lector más endurecido. También, este tema me evoca la literatura clásica inglesa, con historias como Mujercitas de Louisa May Alcott, Orgullo y Prejuicio de Jane Austen y Ana de las Tejas Verdesde Lucy Maud Montgomery. Clásicos que no pueden faltar en las lecturas de quienes quieran comprender esa magia y esa riqueza propia que convierte a una novela en un patrimonio artístico y cultural sin fecha de vencimiento. Pese a ello, en estas historias no hay fuegos artificiales, ni luces radiantes y centelleantes propias de Hollywood, nadie tiene la capacidad de volar y detener el choque entre dos aviones o desviar con su fuerza el descarrilamiento de un tren atestado de personas en su interior. Estos argumentos que explotan de adrenalina y superpotencia son propios de cierto género de aventuras e historias que, estoy segura, todos amamos. Pero no es la única forma de agregar esa sal y pimienta a una historia. De acuerdo a su género será el abanico de tramas que podamos construir, pero no por aumentar la potencia de los puntos de quiebre o la tensión hasta niveles super espectaculares estaremos asegurando un buen argumento o una buena historia. Existe una gran cantidad de personas que resuenan con la simpleza de lo cotidiano, con la identificación emocional de un personaje, con una cotidianidad tan llana como cargada de pequeños y grandes desafíos que, sin duda alguna, tienen la capacidad de despertar en cualquier lector la necesidad de continuar recorriendo las páginas. La lentitud, la riqueza y la profundidad de los diálogos, los procesos de pensamiento y el mundo psicológico del personaje también son espacios generosos en los que

